REFLEXIONES DE
UN ACTOR:
La palabra "creo" acepta tres posibilidades. Es una de las pocas que permite más
de dos. Se puede cree, dudar o no creer.
En el libro sagrado "La Biblia" se desarrollan a pleno. Pudo haber existido,
existió o no. Y de algunos pasajes podemos creer, dudar o no creerlos. Pero de
una u otra manera, ya sea por su realidad o su metafórica fantasía, nos reflejan
una verdad.
En la Argentina de hoy, convivimos con estos episodios: "estaremos viviendo hoy
otra Sodoma y Gomorra? Nos tentamos en el paraíso? Se salvará alguno en el Arca
de Noé? Se habrán peleado Cain y Abel? Deberemos irnos en busca de un lugar como
Moisés? Y mucho más!"
Hasta ahora, nos divertimos de nuestros pecados. Hoy ya no! Nos aprovechamos de
nuestra picardía. Hoy ya no! Nos burlamos de aquellos lentos y tontos. Hoy
llegamos antes. Y en la antesala de nuestro destino, ya no podemos desandar el
camino. Y somos responsables, cómplices o víctimas de nosotros mismos. Si hay un
culpable o inocente esta en el espejo. No hay otra opciòn. Como tampoco la hay
en nuestra sociedad corrupta o imbécil. Y una vez más la palabra "creo" lo
sintetiza. Yo creo que es así, otro puede no creelo y otro dudar. Pero para
todos: Parece que es así! O no parece? Hamlet diría: "Será o no será! Ahí esta
el problema!" Tendrá solución?
REFLEXIONES DE UN ACTOR II
LA
MATAHOMOIDIÓTICA:
Cuando se haya terminado la difusión de la pesadilla de la Gripe "A", la misma
no se habrá acabado. Seguirá entre nosotros carcomiendo las estructuras básicas
de nuestra comunidad llevándose anticipadamente algunas criaturas indefensas que
ya no serán objeto de estadísticas sino meros números aislados que se sumarán a
los muchos otros que también sin justificación anunciada interrumpan su paso por
la vida sin la notoriedad que de pronto concita algún interés comercial de quien
lo estimula.
Y así la famosa gripe de hoy como lo fue el dengue de ayer, o los accidentes de
tránsito, o la gripe de algún otro animal afortunado con la fama, o lo que
fuere, quedará en el recuerdo nefasto de quienes sufrieron alguna pérdida humana
o lejos en los considerandos, económicas o laborales, como un arrebato más,
injustificado e innecesario, que se habría podido evitar, del cual nadie saldrá
siendo responsable y que por supuesto, se sabe, se repetirá.
Y entonces surge la inevitable reflexión: se podrá esto anticipar? Se podrá
estar preparado para no sufrirlo nunca más? Decididamente, no! La pérfida
imaginación de los poderosos de turno todo lo pueden. Su estudio de mercado es
tan perfecto que nos obliga a reconocer que una nueva ciencia se metió entre
nosotros como la peor de las plagas y es casi tan exacta como las mejores. Y a
cuyo nombre nos deberemos acostumbrar: "MATAHOMOIDIÓTICA".
Como se ve, usa casi todas las sílabas de las Matemáticas, pero tiene su raiz
vaya a saber si en el griego o el latín: "Mata hombres idiotas".
Y en ese género entramos todos. No distingue sexo ni nacionalidad. Somos miles
de millones sin discriminación de ningún tipo. Casi como los ideales integrantes
de una sociedad que solo limita su acceso a quienes la provocan. Ellos, los
"poderosos de turno", no entran. Son parte de una casta superior que tiene
reservado inclusive su sitio en el cielo como propio. Al menos eso creen! Será
así? Edipo Rey, diría: "Que nadie llame dichoso a quien todavía tiene que morir,
sin saber si ha vivido algo tan doloroso y tan espantoso, como lo que acabais de
ver".
Adrián Di Stefano - 17 de julio de 2009.
REFLEXIONES DE UN ACTOR III – (“GRACIAS A LA
VIDA”):
Mis dos primeras reflexiones fueron un canto de protesta. Hoy quiero
buscarle el lado positivo y encontrar un camino. Una semana después sigo
pensando y renuevo el escrito. Primer análisis: tengo tiempo y el tiempo no me
desespera. Segunda inquietud: me tuve que esforzar para llegar al límite de mi
razonamiento. Tercera y esta vez alegría: puedo escribir, tengo memoria,
recuerdos de añoranzas, sangre en las venas. Claridad en mi mirada, energía,
voluntad y ganas de vida. Y un sinfín de sensaciones escondidas. Se puede pedir
más? Claro que sí! Y a pedir voy a quien me dio la vida: Quiero tener salud, mi
familia unida. Quiero vivir en paz sin alimentar mi herida. Quiero poder soñar,
para evitar la huida. Quiero saber que voy con la verdad bien entendida.
Después de un tiempo, aquí retomé el escrito. Habían pasado días, meses, años.
Todo era igual! Pasaje despoblado de esperanzas, hombres y mujeres sin rumbo,
con la mirada perdida. Solo un matiz había cambiado. Cuando antes había
indiferencia, ahora era inquietud y desconfianza. La palabra era un escrito, la
caricia un tesoro olvidado y por allá perdido. Qué había pasado en ese entonces?
Nadie me supo responder. Solo un absurdo redoblar de carcajadas sin sentido para
ocultar un llanto en soledad desgarrado e impotente de no poder compartir lo
inexplicable y mal habido.
Llegué al final del día agotado y sin aliento. Me había despertado pensando que
podía y cerrado el ciclo con cansancio físico y un extenuado espíritu que
pugnaba por volar en libertad en busca del paraíso prometido y merecido. Y de
pronto, encontré la luz. Se iluminó mi mirar y grité de satisfacción y
algarabía. Sin darme cuenta en el paraíso estaba. No había otro en vida. Y era
mi lugar. El de mis sueños, alguien diría. El que me vio nacer y un día me
despediría. El del trayecto pendular de la tristeza y la sabiduría. El del ver
parir y llorar la partida. Nada más y mucho más. Y allí quería y quiero estar.
Aquí poder alzar mi voz sin postergar, luchar por aprender, para poder lograr lo
que el saber me da. Mercedes, la Sosa diría: “Gracias a la Vida!”.
REFLEXIONES DE UN ACTOR IV: “EL
PARAÍSO!”
El Paraíso! El lugar de la felicidad en vida que uno quisiera eterno. Pero nada
lo es. Ni la más ampulosa de las promesas, ni la firma de un contrato ni la
fortaleza del más potente sentimiento. Entonces el presente se transforma en
pasado en un instante y el futuro ya lo deja de ser; y los sueños y esperanzas
se cumplen solo en el tránsito que lo pudo concebir, trastocando todo en
recuerdo en un abrir y cerrar de ojos.
Todo tiempo pasado lo fue y lo sigue siendo. Todo presente por venir se anhela.
Toda ilusión del porvenir se espera. Pero el tiempo inexorable llega sin medir
las consecuencias del andar errante; sin la brújula del norte ni el horizonte
lejano e inquietante. Solo es zozobra y despropósito; solo es angustia y
descontrol. Vuelo sin rumbo y viento en contra. Volver los pasos sin saber
porqué. Y así el apuro nos limita y cansa. No nos permite ver un más allá. Y
entonces gana la impresión doliente que sufre de un herir profundo, sin
descubrir ni el antes ni el después…
Pero de pronto me di cuenta que todo esto era un sueño. Me desperté de golpe y
me tranquilicé. Traté de recobrar las fuerzas y ordenar las ideas. Mi cuerpo y
mente no habían descansado bien. Una paz interior me fue alegrando. La noche
oscura había vuelto a aclarecer. Una luz brillante me alumbraba. Un viento suave
de un rincón del alma nacía, sin ni pensar en aquel anochecer. Las campanadas
que anunciaban donde se iba a marchar lo que ya no es. Llanto del mar, canto
profundo, de quien pudiendo andar pudo volver. Ecos vibrantes de armonioso
florecer.
Me preparé para recibir lo mejor del nuevo día. Mi espíritu se abría a percibir
y disfrutar un nuevo sol. Mi cuerpo ayer herido, sanaba sus dolores y mi mente
se adentraba en mi ser. Se habían desterrado la maldad, el horror y la tristeza.
Todo era alegría, todo era bondad y amor. Y así fue por largo tiempo. Pero
volvió a oscurecer. Temí del sueño, no quise adormecer. Me pretendí quedar
despierto. No fue posible. Sin yo notarlo en otro sueño había caído; aún más que
ayer. Y así se fue llenando el calendario como las hojas de un otoño atardecer.
Hasta que un día, tan de pronto e inesperado, de un sueño a otro sin despertar
me fui tras otro amanecer. Y aquí la algarabía de almas escondidas, que me
estaban esperando, y a quienes pude ver, ya pude agradecer.
La luz gloriosa me había iluminado para encontrar la paz, la claridad y
felicidad de la verdad eterna, que en otro ser, iba a nacer.
ADRIÁN DI STEFANO
1 de agosto de 2009.
REFLEXIONES DE UN ACTOR V: “A un
Inmigrante!”:
Y era entonces un chaval de doce años, que de pronto ve partir un sueño.
Se despierta una mañana en otro cielo y ya nunca su jardín lo podrá ver.
Otros mares y otros soles y un sin fin de melodías muy extrañas, van forjando
una fugaz melancolía como brote de semilla alimentada por una lluvia de mirada
al horizonte de un recuerdo que jamás volverá a ser.
Fue creciendo en su lejana tierra santa sin perder las esperanzas de un
reencuentro que ya próximo a partir, pudiera al mar volver.
Lluvia de cristal límpida y clara como gotas de sudor de fértil raza.
Sacrificio de labor ya sin descanso para ver crecer las ilusiones de nostálgica
añoranza.
Pero fue de pronto que en un cruce de miradas muy serenas, aunque llenas de
rocío en la mañana, descubrió que la sangre cual torrente de chorro embravecido,
salpicó como néctar de una flor enamorada, para un sol del más ferviente
sentimiento que pudiera albergar en cuerpo y alma.
Y así el amor les descubrió del árbol ramas como fruto de raíz echada en anclas.
El horizonte; aquella línea delgada y mansa que separa del cielo, el agua clara;
ya no volvió a ser de noche oscura, sino por siempre una extensión en la
distancia de una tierra por doquier muy abrazada.
Latido de cosecha y pura sabia, y un nacer a campo abierto como pétalo de rosa
de un alegre recordar de un tiempo ido, que por siempre lo verá soñando en
ansias.
Hasta al fin cerrar su ciclo abriendo cielos, por recuerdos de su paso por la
vida, con pasión y bienaventuranza.
ADRIAN DI STEFANO
6 de setiembre de 2009.